La noche en casa de Alan pasó rápida. Ambos agotados caímos fulminados sobre las sábanas y muy temprano sonó el maldito despertador... Son las 6:30 de la mañana y este hombre se tiene que ir a entrenar con su equipo.
Me voy con el en su coche ya que se dirige a las afueras de Lyon y así lo tendré más fácil para hacer autoestop. Desayunamos de camino en el coche, un café para llevar y unos donuts. Mi ánimo está un poco por los suelos. Debe ser el cansancio o que es muy temprano y aun no he arrancado, pero me siento flojo y con pocas ganas de andar.
Llegamos al campo de Rugby y me despido del buenorro de Alan con un buen morreo, dentro del coche y en los aparcamientos, para que nadie nos vea... Alan, con los de su equipo, es el típico machito y no quiere fastidiar su reputación. Si estos supieran todo el placer que me dio ayer, igual ellos querrían también un poco de lo mismo.
Vuelvo a ponerme en ruta. Cerca de allí hay una gasolinera que me parece un buen sitio para hacer autoestop. Pregunto a mucha gente y algunos huyen como si les fuera a atracar. Al fin doy con la persona adecuada. Es un tipo francés que conduce una furgoneta grande, de estas de mensajería. Su nombre es Bernard y se dirige a la central de su empresa que está un poco antes de llegar a Múnich. Me acomodo en su espaciosa furgoneta y a dormir un ratito, debo reponer fuerzas.
Llevábamos ya más de 200 kilómetros cuando me desperté. Gracias al lenguaje universal, inglés acompañado de mímica y gestos que te hacen parecer retrasado, pudimos charlar y echarnos unas risas antes de parar para comer.
Bernard llevaba preparada la comida en unos tuppers que le había preparado su mujer y muy amablemente decidió compartirlo conmigo. Nada del otro mundo, pero a mi me supo a gloria. Una ensaladilla de pasta, algo de queso, pan y unos refrescos fue suficiente para reactivarme y quitarme la tontuna de encima.
Después de 8 largas horas de viaje, con alguna parada para echar la meadita y picar algo, por fin llegamos a las cercanías de Múnich... o a las lejanías... porque la central de mensajería estaba a casi 20 kilómetros de la ciudad.
Bernard me dijo que le esperase y que el luego me acercaba hasta Múnich, pero le dije que no, que ya había hecho demasiado por mi y no quería entretenerle, así que nos despedimos y seguí mi camino a pie.
Ya estaba la tarde encima, casi a punto de oscurecer y nadie paraba en
la carretera para llevarme, ¿Serán unos sosos estos alemanes?, me preguntaba. Sigo caminando y a lo lejos veo que alguien está parado en la carretera haciendo autoestop. Ya me salió la competencia...
Me voy acercando a esta persona y cuanto más cerca estoy, más sube mi interés por el mismo, parece estar gordito. Llego a donde está y en inglés le saludo y le pregunto a donde va:
-Hello, wath are you doing?
-The same thing that you...
A regañadientes murmuro:
-Anda, me he tenido que topar con el tío más gilipollas de toda Alemania...
Seguidamente este se echa a reír a carcajadas y me dice:
-Jajajaja... no, no soy Alemán...- En un perfecto castellano, con una entonación raruna.
Le pido disculpas por llamarle gilipollas, pero es que llevaba ya un rato intentando parar a alguien y ni caso, por lo que estaba bastante mosqueado. El me comprende, está en mi misma situación.
Su nombre es Fran, es canario, de las Palmas, de ahí su raro acento. Tiene 22 años, moreno, gordito, muy guapo, con carita de niño aun... lleva perilla. El también es un mochilero como yo, está recorriendo Europa y se dirigía a Múnich.
Tras un buen rato esperando a que alguien nos llevara, decidimos caminar un poco, pero la noche se nos echaba encima. Fran dice de acampar, y la verdad es que es la mejor opción. Buscamos un lugar resguardado y aparentemente seguro donde montar las tiendas y así lo hicimos. Hacia fresquete y teníamos hambre. Fran llevaba un bocata y a mi me quedaba en la mochila una lata de Coca cola. Como buenos mochileros compartimos lo poco que tenemos. A Fran no le importó que bebiéramos de la misma lata. Durante la escueta cena charlamos y nos contamos nuestras historias. En ciertas ocasiones noté que Fran me miraba con un brillo especial en sus ojos, puede que yo a el también le mirase de esta forma, y es que el chiquillo está para comérselo.
Es hora de irse a dormir, así que cada uno a su tienda y a descansar. Nos damos las buenas noches con un abrazo, es realmente agradable encontrar alguien como tu en el camino y con el que además te entiendas bien.
Estaba ya tumbado y no paraba de darle vueltas a la cabeza pensando en Fran, algo me decía que el sentía la misma atracción por mi, que yo por el. Transcurridos unos minutos salgo de la tienda, reflexiono, me dirijo a la tienda de Fran, doy un paso atrás, me lo vuelvo a pensar y decidido abro la cremallera. Parece que está dormido, le agarro una pierna, su tacto es muy suave, como la piel de un bebé. Fran se despierta y me dice: -Entra Charly, estaba soñando contigo...-
Entré en su tienda y sin más palabras empezamos a meternos mano el uno al otro y a besarnos con total entrega y pasión. Nos fuimos desnudando poco a poco, mientras nuestros cuerpos se rozaban calientes. Notaba como su polla, bajo sus calzoncillos, se clavaba en mis piernas. Me adentré en su ropa interior hasta tener su polla en mi mano, por un momento creí estar cogiendo la mía. La tiene gorda como yo, y más o menos del mismo tamaño. Le quito los calzoncillos, beso su pecho, lamo su barriga, tiene muy poco vello, hasta llegar a su polla. La beso, lamo con la punta de mi lengua, continúo bajando hasta llegar a los huevos, los chupo hasta lograr meterlos en mi boca, dentro de ella juego con mi lengua. Fran acaricia mi cabeza mientras gime de placer. Agarro su polla con mi mano y rozo su capullo contra mis labios repetidas veces, entonces me la trago casi entera, abriendo mi mandíbula casi a tope.
Beso sus piernas mientras las aprieto entre mis manos, tiene unos buenos muslos donde
perderse y volverse loco. Fran se inclina, se sienta y yo de rodillas, nos volvemos a fundir en un abrazo y nos comemos el uno al otro. Le digo que se de la vuelta, boca abajo, el obedece. Ahí le tengo, a todo lo largo y ancho para mi, su culo redondo y grande como una montaña crece ante mis ojos, continuando con una espalda preciosa, grande y fuerte. Me agacho hasta su culo, lo lamo y lubrico con mi saliva, también me pongo un poco en la punta de mi polla. Me echo sobre Fran, apoyando mi polla en su ano, que resbala suavemente con la saliva. Me rozo un poco sobre su ano, sin llegar a meterla. Muerdo el cuello de Fran, lamo sus orejas... el gira su cabeza y unimos nuestras lenguas. Entre gemidos y más gemidos Fran me pide que se la meta. Yo estoy dispuesto a complacerle en todo, así que voy empujando con suavidad hasta que logro meter mi gorda polla en su precioso culo. Fran se queja, pero me pide que siga. A mi esos quejidos me ponen muy cachondo, voy penetrándole una y otra vez. Meto mis manos por debajo de el, agarrando sus tetas y abrazándole mientras me lo follo. No aguanto más, saco mi polla y me corro sobre su lisa y suave espalda, mientras mi polla descansa en el canalillo de su culo, aun chorreando gotas de semen.
Me tumbo a su lado, exhausto... el me besa y acaricia, coge mi polla totalmente lubricada por mi leche y me masturba. En unos minutos vuelve a ponerme cachondo, mi polla está totalmente recuperada y con ganas de seguir, le digo que se vuelva a dar la vuelta y me responde: -No, no... ahora me toca a mi, date la vuelta.-
Sonrío y obedezco, ahora soy yo quien está debajo. El repite mis pasos casi con la misma
exactitud. Siento su polla entre mis cachetes, como roza suavemente mi ano y yo me muero por tenerla dentro. Empujo con mi culo hacía arriba, intentando que la meta y entonces Fran me dice: -Pídemelo Charly, pídemelo.-
-Fóllame Fran, métemela de una vez.- Le digo una y otra vez... y sin más preámbulos siento como taladra mi culo. Centímetro por centímetro aumenta mi placer, mis pies se retuercen, aprieto los puños de mis manos deseando que por fin entre el último centímetro dento de mi. -Me vas a matar de gusto.- le dije, y el me respondió: -Ya sabes lo que se dice del plátano canario- No paró ni un instante, hasta que la sacó y me devolvió la misma jugada, chorreándome la espalda con su leche.
Nos limpiamos con unas toallitas húmedas y volvimos a la cama, donde continuamos hasta muy muy tarde hablando, besándonos... y dándonos la vuelta un par de veces más.
Continuará...
Bearjing
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Me levanté muy temprano y abandoné Méze para seguir mi camino a Pekín. No tardé mucho en parar un coche que me llevase. Esta vez son dos chicas, Marla y Nancy, jóvenes, estudiantes, y van hacia la ciudad de Lyon. Me gustó mucho la idea de visitar la tercera ciudad de Francia, la primera es París y la segunda Marsella. Esta ciudad cuenta con un precioso barrio medieval, que estaba dispuesto a visitar, sin lugar a dudas.
Tras 4 horas de camino, en el que me divertí bastante con Marla y Nancy intentando entendernos los unos a los otros, llegamos a la gran ciudad de Lyon. Muy amablemente me dejaron cerca del barrio medieval y me puse a pasear para conocer uno de los lugares que siempre habían llamado mi interés, Vieux Lyon. Estaba encantado, no había un lugar donde mirar que no me gustase. Cualquier rincón de aquel barrio era de total interés, además el ambiente de esta ciudad me gustaba.
Pasadas unas horas, ya estaba agotado de andar, entré a un bar a comer algo.
Me pedí un sándwich y un refresco. Vi que en este sitio había ordenadores para poder conectarse a internet y aproveché para mirar el correo, las noticias y buscar más información acerca de Lyon. Entré en un chat de la ciudad para ver si me encontraba allí con alguien que supiese español y de paso que me invitase a dormir aquella noche. Me puse el mismo nick de siempre, CharlyBear, y pasados unos minutos me abre un privado alguien que se apoda Alan35. Me saluda en francés, así que abro un diccionario on-line para intentar entenderle y poder responder.
Alan35 dice:
Hola, tu nick es muy peculiar.
CharlyBear dice:
Hola, que te hace pensar eso?
Alan 35 dice:
Verás, yo soy un tipo corpulento y velludo, un bear, y me gustan tambien así. Tu cómo eres? Algo que ver con esto?
CharlyBear dice:
Así es, soy gordito y un poco velludo, tengo 23 años, tengo el pelo castaño claro, ojos azules, mido 1,86m y peso 130Kg y me gustan los tíos como tu.
Alan35 dice:
Por tu descripción pensaría que eres el chico que tengo sentado al lado en el cibercafé...
Me incorporo de la silla, tres asientos a mi derecha hay sentado un tiarrón que casi no cabe en la silla, me mira y me sonríe. Se levanta y nos saludamos con un apretón de manos. Me resultó casi de peli de ficción, que casualidad que estuviese allí mismo, con lo grande que es Lyon. Según me dijo, que estuviera en ese cibercafé era algo inusual. Su ordenador estaba averiado y por eso vino a este sitio para conectarse un rato y saludar a sus amigos.
Nos sentamos a tomar un café, el chapurreaba algo de español, por lo visto su Madre vivió unos años en Barcelona. Su nombre es Alan y tiene 35 años, no es que se hubiera comido mucho el coco a la hora de ponerse un nick, al igual que yo. Es un tío grandote, un poco más alto que yo, moreno con algunas canas que le hacen muy atractivo. Muy guapo, con unos labios carnosos de los que no podía apartar mi mirada, llevaba barba de pocos días. Está fortote, buena panzorra y unas tetas bien marcadas en su polo de Rugby. El pantalón lo lleva apretado, ceñido a las piernas, al culo y al paquete, por minutos me estaba poniendo cachondísimo. Le comenté mi historia del viaje a Pekín y el me invitó a quedarme en su casa.
Alan vive en un ático, tipo loft, precioso, con unas vistas impresionantes de la ciudad, parece sacado de una revista de decoración, no falta detalle. Nos sentamos en el sofá, uno junto al otro y Alan no tardó
mucho en poner su mano sobre mi pierna. Comenzó a acariciar mi muslo y poco a poco su mano se iba adentrando entre mis piernas, rozándome con ella una y otra vez los huevos. Nos miramos y nos besamos, metiéndonos mano el uno al otro bajo la ropa. Su piel es muy suave, tiene las carnes muy prietas. Sus tetas redondas caben en la palma de mis manos, noto como su pezón duro se clava entre mis dedos.
Se levanta del sofá y me pide que le acompañe. Entramos en su habitación, pulsa
un botón en la pared y la cama se desliza hacia un lado, descubriendo un enorme Jacuzzy que se ocultaba debajo de esta. Una vez más me dejó impresionado. Las luces se vuelven tenues, iluminando tan sólo el Jacuzzy.
Alan me desnuda, besándome en los labios, lamiendo mi pecho, mi barriga, besando mi polla... Entramos al agua, está muy caliente, casi tanto como nosotros. Me siento y Alan pone mis piernas en sus hombros, levantándome para sacar mi polla del agua y metérsela en la boca. Me la chupa lentamente, pero con ganas, lame mis huevos, desliza su lengua hasta mi culo, mientras me lo come yo retuerzo los dedos de mis pies... vuelve a subir sin dejar de lamer hasta llegar al capullo, luego se la mete toda dentro mientras su lengua se mueve provocándome un placer extremo.
Vuelvo a sentarme, Alan, colocado entre mis piernas, me besa, metiendo su lengua dentro de mi boca y rozando su barba recién afeitada con mis labios. Huele muy bien, muy masculino, lamo su cuello, le muerdo suavemente y meto mi lengua en su oreja, lamiéndola lentamente mientras susurro algunos gemidos.
Alan me sujeta una pierna, sacándola del agua. Me besa los muslos, la rodilla, lame mis gemelos, mis tobillos... hasta llegar a los pies. Besa y chupa cada uno de mis dedos, lame con su lengua la planta de mi pie, se inclina y roza su polla contra el. La tiene dura, durísima, un buen pollón, grande, con venas marcadas que la recorren de arriba abajo y un capullo que asoma tímidamente por la punta de su prepucio. Me pongo de rodillas ante el, no resisto tanta tentación, y meto su polla dentro de mi insaciable boca. La chupo, la lamo y la beso como si andara hambriento y aquella fuera mi esperada comida, me encanta sentir como su capullo llega a tocar mi garganta, en ese momento quisiera comérmelo.
Mis manos se posan
sobre su culo, tiro de el para que folle mi boca. Saca la polla y la restriega por mi cara... la roza contra mis labios mientras yo ahondo con mis dedos en su culo. Logro llegar al ano, e introduzco dos dedos. Alan abre sus piernas, parece que disfruta con mi exploración rectal.
Se pone de rodillas en el asiento del jacuzzy y me pide que me lo folle. Escupe en su mano y lubrica con saliva su ano. Yo no me lo pienso, me coloco tras de el y sin mucha delicadeza dejo que mi polla le penetre. Alan suelta un alarido, seguido de un gemido que me hace saber el gran placer que le estoy propinando. Yo me crezco y me lo follo salvajemente, a un ritmo frenético y sin parar. Mis manos le agarran por la cintura y le suelto un par de cachetes en sus glúteos, lejos de molestarle sigue gimiendo como un oso en celo.
El frenético ritmo hizo que aquello durase poco, y sin avisar me corrí dentro de
Alan, bombeando toda mi leche en su interior... hice el intento de quitarme, pero el me apresaba con sus piernas mientras se masturbaba. Entonces se puso de pié en el escalón y me propinó unos buenos chorros de semen que bañaron mi pecho y barriga. Volvió al interior del jacuzzy, nos abrazamos, fundiéndonos en un largo y caluroso beso.
Después de eso nos duchamos y vestimos. Observando con más detenimiento su casa puedo ver detalles que me hablan más de Alan. Hay una pared llena de fotos de un equipo de rugby, me acerco y observo que el forma parte de aquel elenco de tiarracos. Ahora me encaja todo, su polo de rugby, su cuerpazo, esas piernas gordas, fuertes, robustas como dos troncos centenarios, su espalda grande como un armario, sus brazos y sus recias manos. Acababa de cumplir otra de mis grandes fantasías, y es que yo sólo
veía rugby por los jugadores 1 y 3, los más grandotes y los que están más buenos. Siempre espero que a alguno se le baje el pantalón... mi equipo favorito es el Bath, sobre todo desde la primera vez que vi a Duncan Bell, ese tío me vuelve loco.
Por la tarde Alan se ofreció a llevarme a dar una vuelta por la ciudad y enseñarme algunos rincones inolvidables, pasamos un buen día juntos. Por la noche cenamos en un restaurante estupendo, Alan me invitó, menos mal, porque la cuenta no creo que fuese nada barata y yo no estaba como para derrochar
.
Volvimos a su casa, donde repetimos polvo, polvazo, esta vez sobre la cama y fue el quien me folló a mi, casi me muero de placer... Me regaló un escudo de su equipo de rugby bordado, que pienso pegar en mi mochila.
Dormimos juntos y abrazados toda la noche. Alan no paró de acariciarme con sus manazas, yo estaba en la gloria, no me importaba soportar el peso de su gran pierna encima, estaba durmiendo con un número 3.
Después de una buena siestorra con Ramón, tomamos un café y hablamos de mi aventura. El se mostró muy interesado y me confesó que a el también le gustaría hacer algo así algún día. Entró en el bar un camionero conocido de el, que se dirigía hacia Francia, concretamente a la ciudad de Lyon. Estuvimos charlando un rato y Ramón le pidió que me llevase con el y así poder dar un buen salto en mi viaje. Andrés, que es como se llama el camionero accede gustosamente a que le acompañe.
Recojo mis cosas, me despido de Ramón con un buen abrazo, este me regala una pulsera de cuero que llevaba puesta, para mis trofeos, y subo al camión. Andrés es otro osote, grande, algo más gordo que Ramón, pero no creo que haya nada que hacer con el. Es el típico camionero que lleva la cabina llena de calendarios con tías en pelotas, revistas porno encima del salpicadero y se pasa el rato hablando de mujeres y lo que haría con ellas. Eso en cierto modo me deja más tranquilo, así aprovecharé para descansar durante el viaje y disfrutar del paisaje, sin tener que buscar el momento para follar con el.
Llevamos unas tres horas de viaje y Andrés me dice que tiene que hacer una parada en un pueblecito que se llama Mèze, en la costa sur Francesa. Entre risas me dice que allí vive una de sus amantes y que le apetece pasar a verla. Me comenta que tiene las mejores tetas que ha visto en toda Europa, ni que a mi eso me importase en absoluto, pero me hago el interesado.
El lugar es precioso, muy pintoresco y con mucho encanto. Por momentos, al ver el mar, me invade la nostalgia por mi tierra. Andrés sale del camión y me deja la llave por si quiero salir a pasear, quedamos en volver a vernos allí en 1 hora. Yo aprovecho y me doy un paseo por la playa, pero cansado vuelvo pronto al camión. Aun no ha llegado Andrés, así que me tumbo en la litera y echo la cortina para que no me moleste el sol.
Llevaba un rato dormido cuando escuché jaleo en el camión y mucho movimiento. Asustado, creyendo que podría ser un ladrón, abro una rajita de la cortina, y lo que me encuentro es la rajita de la tetona con la polla de Andrés dentro. Me invade la curiosidad y dejo salir al voayer que llevo dentro. Observo atentamente como Andrés se folla a la rubia, apretando sus tetorras blancas con sus grandes manazas. La besa como un poseso, lame su cara y su cuello, a ella se le ve muy contenta. Se ríe cuando Andrés le dice en voz baja "Je t'aime Claudia" y cuando este ve que no le hace ni puto caso, susurra en español "Tu sólo quieres mis 100 euros, zorra".
Yo me pongo cachondísimo, nunca había visto a un tío follarse a una tía, y encima que estuviera tan buenorro como este. Andrés se tumba en el asiento y Claudia se pone encima de este, metiéndose el pollón gordo del camionero y cabalgando sobre el como una loca. Sus tetas rebotan y se agitan sobre su pecho, Andrés las muerde y le da chupetones. Entonces Claudia levanta la cabeza y.. ¡¡me ve!! Grita de susto y Andrés la calma diciéndole que soy yo, un amigo. Me dice que salga, y con la cara roja como un tomate abro la cortina. Andrés me presenta a Claudia, yo me inclino para darle dos besos, resbalo y caigo sobre el camionero. Este me agarra por la cabeza y me dice: "¿Para que mirar si puedes
participar? Empuja mi cabeza hacia su polla y yo me dejo llevar. Se la como mientras Claudia está allí junto a mi, su coño campa a pocos centímetros de mi cara, pero que me de asco a estas alturas es una contrariedad. Me estoy comiendo la polla que ha salido de su chocho hace pocos segundos. Así que sigo chupando y alargo mi mano hasta acariciar las piernas de Claudia. Ella se agacha y pega sus labios al a polla de Andrés, los dos juntos lamemos aquel tronco grande y gordo, mientras Andrés gime de gusto. Me resulta increíble, estoy compartiendo polla con una tía y encima me estoy besando con ella. A mi las mujeres nunca me han gustado, pero esta vez estoy disfrutando mucho.
Me levanto, besando la barriga de Andrés, su pecho, el cuello y llego a su boca. Nos morreamos, el es muy bruto y algo guarrete, mete su lengua hasta mi garganta, mientras me sujeta por el cuello. Lame mi cara, dejándomela empapada por su saliva... pero me gusta. Me dice que se la meta a Claudia, pero le digo que no, que prefiero que el me folle a mi como lo estaba haciendo con ella. Me subo encima, lubrico mi culo con saliva y me voy metiendo su polla poco a poco. Claudia besa mi espalda y me acaricia, Andrés agarra mi polla y me masturba con suavidad.
Estaba disfrutando mucho de aquello que para mi era impensable. Claudia sienta su coño en la boca de Andrés mientras yo cabalgo sobre este. Sus tetas son tan redondas y bonitas que no puedo evitar acariciarlas y apretarlas entre mis manos. Me mira y me sonríe, sin dejar de gemir, se relame los labios, mete sus dedos entre la boca de Andrés y su coño, y después me acaricia con estos mis pezones. Me acerco a su boca y la beso, seguimos magreándonos mientras tengo la polla de Andrés dentro de mi culo. El empuja hacia arriba, con fuerza, provocándome un placer enorme.
Claudia gime mientras me besa, yo estoy apunto de correrme, Andrés no para de
masturbarme, pero antes de que yo me fuera escucho a Andrés jadeando "Me corro! me corro!" Siento como su polla se hincha en mi culo y como va dando contracciones, soltando su leche. El me pega bruscos empujones y queda exhausto tumbado sobre el sillón. Claudia se agacha y se mete mi polla en su boca, comienza a chupármela con ganas, Andrés sigue masturbándome agarrándola desde abajo. No aguanto más y me corro en la boca de la tetona, ella lame mi semen y se traga buena parte del mismo.
Andrés se ríe a carcajadas mientras se viste, y dice: "Charly, vaya racha que llevas, primero follas con Ramón, y ahora conmigo y con Claudia, ¿Qué será lo siguiente?" Yo riéndome le respondo: "Y encima todo esto gratis, aquí el que paga 100 euros eres tu". Le cambió la cara al camionero, debió sentirse ofendido y ya no me respondió.
Cuando Claudia se iba le pedí que me regalase algo para tenerlo de recuerdo, era la primera mujer con la que había tenido sexo. Se quitó el sujetador, blanco, con encajes, y me lo regaló riéndose. Andrés tras despedirse de Claudia regresó al camión y me dijo que tenía que dejarme allí, que cambiaba su ruta. Al parecer se había enfadado por aquello que le dije, que para nada iba con mala intención. Recogí mi mochila, en esta guardé una revista playboy que había visto en la litera, le di un beso a Andrés en la cara y le agradecí lo que había hecho por mi. Bajé del camión, ya era de madrugada y me dispuse a buscar alojamiento.
Era muy tarde como para andar molestando llamando a casa de la gente, así que me fui a un bar que vi abierto, junto al puerto, y allí me tome algunas cervezas. El camarero sabía español y me pasé un buen rato hablando con el. Me invitó a pasar la noche en su casa y acepté. Vivía con su mujer y una hija pequeña de unos 5 años. El apartamento era pequeño, así que dormí en el salón, acostado en el sofá, acurrucándome entre las mantas mientras recordaba extrañado el polvo que había echado con Andrés y Claudia. Estoy convencido de mi sexualidad y se que no me gustan las mujeres, pero me dejé llevar por el morbo y aquello me gustó mucho.
El cansancio no me deja despertar. Mi subconsciente me dice que me levanté, debe ser tardísimo, pero mi mente se empeña en seguir durmiendo. Suena el teléfono de la habitación y no respondo... sigue sonando incesantemente. Tremendamente cabreado descuelgo y grito: -¿¿¡¡Qué cojones quieres!!??- Es el recepcionista que me avisa de que son las 12 de la mañana pasadas. Que si no abandono la habitación tendré que pagar otro día más. Hay que ser hijo de puta, anoche llegué tardísimo, y no creo que tenga cola de gente para hospedarse aquí. Colgué el teléfono sin darle una respuesta y me tumbé en la cama. Recordé que Manolo me dio 100 euros, y decidí emplear una parte de aquel extra para pasar otro día más allí tumbado, sin hacer otra cosa que descansar. Así que me volví a dormir.
Me desperté y eran las 2:00 del mediodía. Mi barriga emitía ruidos extraños, cómo si un monstruo habitase dentro de ella y quisiera comer. Me di una ducha rápida, me vestí y bajé a recepción. Allí estaba el pesado de las llamaditas, leyendo una playboy y con cara de pocos amigos. Me dijo que no se me ocurriera salir a la calle sin abonarle antes 30 euros más. Se pensaría que iba a salir corriendo, dejando mi mochila en la habitación. Que imbécil el tiparraco este. Saqué el dinero y le pagué y le dije: -Mira majo, si mañana a las 12 aun no me he levantado, pasa de llamarme, ¿vale?- Y luego le pregunté donde podía comer algo. Me dijo que había una venta junto al motel, donde ponían menús económicos para viajantes y transportistas.
Salí a la calle, los aparcamientos estaban llenos de furgonetas y camiones, eso es señal de que se come bien en ese sitio. Me dirigí hacia la venta, aquello estaba petadísimo de gente. Me costó encontrar una mesa donde sentarme, pero al fin, en una esquina del salón, encontré mi sitio. Pedí de primero unas lentejas a la riojana, de segundo chuletas de cordero a la plancha, con patatas fritas y de postre no había mucho donde elegir, así que un arroz con leche.
Aquello parecía el comedor del colegio, mucho murmullo y risas, pero a este le diferenciaba que estaba lleno de camioneros, gordos, rudos y varoniles... mi cerebro no daba abasto para procesar tanto oso. Creo que no me voy a dar mucha prisa para comer, aquí estoy muy entretenido, luego podría sacar provecho en mi cama solito pensando en estos bellezones de la naturaleza.
Estaba ya por el segundo plato, cuando entró un bicharraco de agárrate y no te menees. Grande como un armario de 4 puertas. Moreno, su camisa desabrochada hasta casi por la barriga. Una mata de vello negro y rizado cubría su pecho. Un tío guapo, pero vastote, con barba de varios días. Lleva unos vaqueros ajustados, tanto que su barriga cuelga por encima de ellos. El paquete parece que va a estallarle y el no para de tocarse. Está buscando sitio para sentarse, todas las mesas están ocupadas. Mira hacía a mi y me pilla mirándole descaradamente. Me señala y me hace un gesto con la cabeza, como preguntándome si podía sentarse conmigo. Yo con los colores subidos asiento con mi cabeza y el se dirige hacia mi. Me da su mano y apretándola fuertemente con la mía me dice: -Gracias, no veas como está esto! Me llamo Ramón- Yo también me presenté y le dije que estaba encantado de compartir la mesa, que llevaba allí un rato bastante aburrido. Vaya mentira más gorda, yo estaba en el paraíso de los osos, pero ahora me encontraba frente al Dios de aquel paraíso.
Ramón es gallego, y se dedica al transporte de productos lácteos. Tiene 42 años y no lleva alianza en sus dedos, deduzco que no está casado. Yo me había terminado ya el postre, el aun estaba por el segundo plato, pero me dijo que si no me importaba hacerle compañía, que me quedase. Yo encantado me quedé allí, viendo como devoraba aquel entrecot que se estaba comiendo, que morbo me daba verle comer.
Al terminar me dijo que el se iba a echar un rato en el camión, que tenía que cumplir con los tiempos de descanso. Yo le dije que si le apetecía dormir bien y ver un rato la tele le prestaba mi cama de la habitación. El muy agradecido aceptó mi invitación y me dijo que le esperase en la puerta del motel, que iba a por algo de ropa y así aprovechaba para darse una ducha. A mi ya me tenía caliente como una perra en celo, pensar en que iba a tener a ese tío duchándose allí a mi lado y que con suerte hasta le veía en calzoncillos... era un plan perfecto, que bien que me quedé dormido esa mañana, le iba a sacar provecho a los 30 euros.
Entramos al motel, el recepcionista no estaba. Subimos directamente a la habitación y lo primero que hizo Ramón fue tumbarse en la cama. Ocupaba el colchón casi entero, y eso que la cama es de matrimonio, pero Ramón es mucho Ramón. Se vuelve a levantar y me dice que se va a dar una ducha. Yo me siento en un sillón, junto a la puerta del baño. Escucho como cae el agua de la ducha sobre su cuerpo, y como se enjabona. Canturrea una canción, creo que lo hace en gallego, no lo entiendo muy bien. Yo no paro de tocarme el paquete por encima del pantalón, me tiene malísimo. Termina de ducharse y sale del baño en calzoncillos, justo como yo quería verlo, son blancos, de estos clásicos. Está increíble, tiene unas patorras fuertes, peluditas y preciosas. Su espalda es como yo lo había imaginado, grande como una pista de aterrizaje, también cubierta de vello. Me dice: -Charly, ¿Te importa si me echo en tu cama en calzoncillos? Es que no me apetece echar la siesta apretado por la ropa- Por supuesto le digo que no importa, ¿qué me iba a importar a mi?, con lo bueno que está lo que me gustaría es que se echase encima mía.
Se tumba en la cama, sin taparse. Dejé puesta la calefacción antes de bajar a
comer y la verdad es que allí hacía bastante calor. Le digo que descanse, que yo mientras escucharía música. El me dice que me eche en la cama, que hay sitio para descansar los dos. Yo no estaba cansando en absoluto, pero tardé 1 segundo en tumbarme a su lado. Ramón me decía que me pusiera cómodo, que me quitase la ropa: -Así no estarás agusto hombre! Ponte en calzoncillos como yo, somos hombres, no hay de que asustarse.- Sus palabras son ordenes para mi.
Como no cabíamos muy bien, nos pusimos de lado, dándonos la espalda, pero mi culo rozaba con el suyo, no había otra forma. A mi ya me dolían los huevos de estar tanto rato como un verraco. A los pocos minutos el ya estaba dormido. Se giró y puso su brazo encima mía, abrazándome. Su barriga empujaba mi espalda y sentía su respiración en mi cuello. Al rato de estar así el comenzó a dar empujoncitos, rozando su paquete con mi culo, pero seguía dormido.
Me di la vuelta y me puse mirándole a el. Tenía su boca a pocos centímetros de la mía. Sentía unas ganas irrefrenables de besarle, de acariciar todo su pecho, pero tuve que contenerme, cosa que el no hizo. Comenzó a magrearme, tocándome las tetas y apretándolas con sus fuertes manos. Me abrazaba, colocando su mano en mi espalda y apretándome contra el. Ahora ya no estaba dormido, aunque seguía con los ojos cerrados. Yo no lo pensé más y puse mis labios contra los suyos. Su barba corta me pinchaba y sus labios suaves se fundían con los mios. Ramón sacó la punta de su lengua y lamía tímidamente, yo saque la mía y la metí en su boca moviéndola lentamente, sin prisas.
Estuvimos un buen rato abrazados, besándonos y tocándonos. Explorando cada rincón de nuestros rechonchos cuerpos. Lamiendo todos y cada uno de nuestros recovecos, fudiéndonos en uno sólo. Ramón me dijo que me pusiera boca abajo, y lo hice, sabía que quería follarme y yo estaba dispuesto a que así sucediera.
Comenzó a lamer mi espalda, dirigiéndose poco a poco hasta mi culo. Con sus manos separó mis cachetes e introdujo su lengua hasta lo más profundo de mi ser, caliente, húmeda y placentera. Cuando ya estaba muy lubricado abrió mis piernas y colocó su polla entre mis nalgas. Comenzó a frotarse contra mi, yo sentía su polla gorda y potente apretando mi piel y resbalando sobre ella. Con un movimiento brusco se subió algo más arriba y su polla fue directa a mi ano, entrando lentamente, milímetro a milímetro.
Sentía como su gordo capullo taladraba mi culo y como se rozaba por las paredes
de mi ano. Gemía, algo dolorido, pero no quería que parase, quería más, más adentro. Apoyando sus manos en el colchón, hacía una y otra flexión sobre mi, llegando cada vez más profundo, hasta dejarse caer por completo, apretando sus huevos contra mi culo. Yo me extremecía de gusto, mi polla apretaba la cama, lubricada y con ganas de soltar unos buenos chorros.
Le dije de cambiar de postura, pero me dijo que no, que quería correrse así. Yo sacaba mi culo para arriba, para que Ramón llegase bien y metiese toda su polla dentro. Su barriga reposaba sobre mi espalda, me gustaba sentirlo encima mientras me follaba sin parar.
Siguió follándome, incesante, no muy fuerte, pero muy placentero. Cuando comenzó a gemir sacó su polla fuera de mi culo, llegué a sentir el vacio que dejó dentro de mi, y masturbándose me embadurno de su caliente y resbaladizo semen. Sentía como los chorros caían sobre mi espalda, resbalándose por mi costado.
Ramón cayó sobre mi, restregando su corrida entre el y yo. Le tumbé para el lado y lo coloqué boca arriba. Me puse entre sus piernas, tocando su polla morcillona, mojé mis manos en su leche, que aun goteaba, y me masturbé. Mi corrida llegó hasta la cara de Ramón, el se limpiaba con la mano y se lo restregaba por el pecho, junto al resto de mi semen. Me tumbé encima suya y nos besamos apasionadamente, ambos totalmente rebozados en nuestras corridas... Sin limpiarnos nos quedamos dormidos sobre la cama, abrazados, calientes y muy apretaditos.
Continuará...